Valoración 9/10
El vals de Tallulah.
La televisión solía hasta hace unos pocos
años emitir regularmente no sólo los clásicos más conocidos de Hitchcock, si no
también cualquiera de las películas que englobaban su etapa americana, desde
Rebeca a La Trama, incluyendo asimismo su regreso a Gran Bretaña con Frenesí, a
través de ciclos que tenían periodicidad semanal extendiéndose en el tiempo
durante varios meses. De esta manera me familiaricé con el mago del suspense
siendo muy niño y me fascinaban sus historias de crímenes, resultándome muy
difícil seleccionar una sola de sus obras como mi preferida. Lo que
desconocería hasta unos años más tarde es que Hitchcock tenía una etapa inglesa
anterior mucho menos difundida que ya provenía de los tiempos del mudo, y una
serie de películas que aún siendo posteriores a 1940 aún no había tenido
oportunidad de ver. Una de ellas era Náufragos considerada obra menor y
semiolvidada al igual que otros patitos
feos Hitchconianos tales como El Proceso Paradine y Matrimonio Original, a las
que solo tuve ocasión de acceder una vez pasados los veinte.
La paradoja de este acercamiento tardío a
algunas de las cintas de Hitchcock es que aunque mi base cinéfila era mucho
mayor y la defensa de los clásicos una de mis posturas más inamovibles no me
conquistaron como lo habían hecho todas aquellas que había visto en la
infancia. Náufragos tenía en principio una buena historia, un escenario tan
original como atrayente, un guión que podía dar mucho juego y una ambigüedad
que tocaba de manera sutil muchísimos aspectos de la naturaleza humana, sin
embargo a mi lo que me gustó de verdad fue una actriz que no había visto antes
en ninguna parte y que me cautivó por completo: se llamaba Tallulah Bankhead.
Tallulah es a mi entender el pilar que
sustenta toda la película y tal vez nunca ha tenido Hitchcock tan buena mano
como en Náufragos a la hora de escoger a la chica. Por encima de su belleza de
témpano su interpretación es brillante. Tendría que investigar por mi cuenta
para descubrir quien era esa mujer y el resultado obtenido fue desde luego
bastante interesante y revelador. Mujer torbellino, sin apenas carrera en el
cine por decisión propia, aplaudida como inmejorable actriz teatral, bisexual y
ninfómana, alcohólica, cocainómana, independiente y salvaje, totalmente
revolucionaria para su época, Tallulah exprimió su vida entre la fama y el
escándalo sin remordimiento ni retracto posible.
Pudo haber tenido Hollywood a sus pies pero allí había demasiadas normas que no eran de su agrado y límites insoportables para su ferocidad escénica, siendo sin embargo tal vez en el interior de un bote salvavidas donde se sintió más cómoda durante los años que intentó amoldarse al cine, al poder al menos encontrar paralelismos en tan reducido espacio con su querido teatro.
( Del Libro "EL CINE QUE RESPIRA", Oviedo 2014)

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