Wolfgang Amadeus Mozart, tres palabras que
engloban el concepto de genio. Genio con mayúsculas. Un hombre hecho sólo de
música, música que brotaba desde todas las partes de su cuerpo en forma de
partituras, pentagramas, claves de fa, fusas, semifusas... todo el amalgama de
la creación del arte más bello dando lugar a la inmensidad desde la juguetona
sonata a la fastuosa sinfonía, de la canción a la ópera, directo al corazón del
pueblo llano unas veces, otras rozando la inalcanzable divinidad. Mozart, el
artista total dentro de su campo, tan distante de todos los hombres, pero a la
vez tan humano, tan carnal y volátil, débil y frágil, tal vez decadente, en
medio del caos de la creación, absorbido por su propia alma, devorado por la
envidia de los mediocres, olvidado por sus mentores y amigos, recorriendo todas
las etapas vitales del ser humano, para dar finalmente con sus huesos en una
fosa comunitaria a los 35 años de edad.
Si mi mente juega con el tiempo y el espacio me pregunto si he sido sin saberlo contemporáneo de algún Mozart. O dicho de otra manera ¿Si Mozart hubiera pertenecido a esta época como se hubiera desarrollado su vida arañando con uno solo de sus dedos la música popular del Siglo XX? Y creo que si eso hubiera sucedido hubiera sido de la mano del Rock and Roll. Mozart transportado a este siglo, mutado en estrella de Rock, comenzando tal vez en un garito para terminar llenando estadios rodeado de gloria, aniquilado poco a poco por los excesos. De Jimi Hendrix a Bon Scott, de Jim Morrison a Kurt Cobain, veo algo de Mozart en todos ellos, existiendo un paralelismo evidente en su final entrecortado, fagocitados por monstruos diversos ajenos a la trascendencia de lo creado.
Sin embargo siendo coherente no encuentro
nada similar a Mozart en el último medio siglo de la humanidad más allá del
malditismo de su figura y de su precoz muerte. El genio de Mozart se antoja
algo inabarcable para todos nuestros coetáneos. Por eso lo siento en mi
imaginación como una majestuosa estrella de rock de otro tiempo, que aunque
intenta reencarnarse en otras épocas y otros cuerpos permanece intacta, casi se
diría que incorrupta, siendo todos los siguientes a él meros sucedáneos de casi
nada, caminando hacia la tumba sin haber ni siquiera rozado la gracia que solo
pudo haber conocido él, grande entre los grandes.
En esta película, salvando algunas licencias, se escucha su vida.
Y cada nota es maravillosa.
( Del Libro " EL CINE QUE RESPIRA ", Oviedo 2014 )

